miércoles, 10 de marzo de 2010

LAS MUJERES A PARTIR DE LOS CINCUENTA

Bendita Educación.........bendita........

Ha logrado que muchas terminen sus vidas en la creencia que “la maternidad “ es un rol vitalicio
Ellas pagan un costo muy alto cuando insisten en esquemas de funcionamiento que las mantienen atrapados.
Entre los 50 y 60 años , muchas cosas han cambiado ...... Pero siguen arrastrando viejas conductas de género que les impiden producir cambios saludables.
El ciclo de la Vida exige desprendimientos .Si no deciden soltar lo anterior, es imposible tomar lo que sigue
Para las que lo han sido, esta etapa coincide con que los hijos han crecido; levantan vuelo interno y externo, hacen su propia vida.
Quedan como cántaros vacíos; ya transmitieron todo lo que pudieron, para bien o para mal..
Prolongarlo en el tiempo como mochila pesada, implica sostener una situación de dependencia a dos puntas
Si la obra teatral no baja de cartel , ninguno de los actores queda libre
Ellas, educadas para ser satélites al servicio de otros, también han usado a esos mismos otros para satisfacer ocultas necesidades.
Tenemos los humanos poca práctica en descubrir nuestros deseos; y cuando lo logramos, a veces aparecen dificultades internas para legitimarlos.
Trabajo fecundo y doloroso el de Ellas consigo mismas para evitar terminar deseando aquello que contradictoriamente no quieren hacer.
Los hombres quedan mucho menos aprisionados en ese escenario. Se reacomodan precisamente porque son las mujeres quienes se ocupan de llenarles espacios.
Los hijos no son el centro de la masculinidad, ni lo que definen su identidad.
Por eso tal vez, no las acompañen lo suficiente desde el polo afectivo; no entienden demasiado lo que les ocurre; siguen teniendo su mundo interno organizado, con intereses múltiples.
En esta etapa todos tomamos conciencia de la finitud del tiempo.
Muchas de Ellas se descubren y advierten que son las únicas que no están subordinadas a los acontecimientos que delinearon su singular y difícil camino; que a pesar de no contar siempre con los recursos para encarar de frente los problemas, son las únicas que dolorosamente han aprendido lo valioso de no estimular guerra alguna, porque en terreno hostil, son mucho más los que pierden que los que ganan.
Muchas de ellas, enfrentadas hoy a la realidad violenta e inmoral que se impone, son las únicas que optaron por la conversión:
ser protagonistas de si mismas para poder asumir con coraje las riendas del desafío imprevisible de su propia existencia.

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